El secuestro de Anabel
Antonio y Cirilo, después de años sin verse, tuvieron la desgracia de encontrarse aquel lunes 23 de abril. Las cosas les iban mal y decidieron irse a beber de taberna en taberna recordando viejos tiempos, como estuvieron juntos en la cárcel por un pequeño hurto. Al mediodía, con la cabeza embotada por el alcohol, se fueron a una zona residencial para ver como vivían los ricos. Y así decidieron secuestrar a una muchacha que hacía jogging por las calles de la urbanización. Un secuestro absurdo, totalmente improvisado, que trajo en jaque a la Policía durante más de dos años: el caso de Anabel Segura, secuestrada mientras salía a correr por el madrileño barrio de La Moraleja. La investigación del caso mantuvo en vilo a la familia y a las fuerzas del orden.